Las Migas

“  -Venga, échale los ajos, que ya se doran.

El punto de la, migas es muy fino y hay que andar con ojo perito para dejarlas con la soltura necesaria. Si se pasan de agua forman un engrudo o «migote» que no hay quien lo trague.

Los vendimiadores, con la gana en la cara, miraban los últimos volteo, del desayuno.

Aquel día, con el endriago de la noche anterior por la venida de la muerta, todo iba retrasado. Porque el almuerzo de la vendimia como dice el cantar, debe hacerse apenas traspuesta el lucero del alba:

«El lucero miguero

ya se ha perdido

Y ya hacen los gañanes,

migas sin tino.»

Si, en las caras de todos había gana, pero no ilusión. Les almuerzos de lo, pobres que trabajan de sol a sol, son poco variados.

-Padre, ¿qué hay para almorzar?

-¿Para qué lo preguntas

si de gachas o migas

no has de pasar?

O aquel otro decir ascético:

Cuando voy a  la plaza

y no hallo sardinas

el dinero me ahorro y almuerzo migas.

Las mozas más impacientes sacaron platos con uvas, botellas de vino y una fuente de tajadas para cada corro.

La casera, cuando el mayoral dijo que las migas estaban doradas y sueltas, echó los chicharrones Luego dividió toda la pitanza en dos sartenes. Habia en la cocina un suave olor a ajos y tocino.

-¡Chicas a almorzar! -gritó una muchacha con deje andaluz y un transistor colgado del mandil.

Y los que quedaron fuera entraban con la cuchara en la mano.”

(De Vendimiario de Plinio)

Todavía no hay comentarios

Escribe un comentario

Nota: Puede usar XHTML básico en sus comentarios. Su dirección de correo electrónico nunca será publicada.

Subscripción al comentario vía RSS